Recientemente se cumplieron 48 años del asesinato de John F. Kennedy, lo que cambió para siempre la infraestructura de seguridad encargada de preservar la vida del Presidente de Estados Unidos y su familia, el Servicio Secreto estadounidense.
El 22 de noviembre de 1963 John F. Kennedy fue tiroteado en público en la ciudad de Dallas, en Texas, cuando se trasladaba en una limusina presidencial descapotable. El informe Warren (1964), resultado de la investigación oficial al respecto, concluyó que el atentado había sido culpa de un solo hombre, Lee Harvey Oswald, un ex marine de 24 años.
En ese tiempo, el Servicio Secreto contaba con unos 330 efectivos, de los cuales solamente 34 estaban designados a la Casa Blanca.
En 1901, tras el asesinato del presidente William McKinley en Buffalo, Nueva York, se le encomendó a esa entidad la misión de proteger al Presidente, aunque hoy en día también procede a investigar delitos contra la infraestructura financiera de Estados Unidos.
El atentado a Kennedy y los posteriores intentos de hacer lo mismo contra los presidentes Gerald Ford y Ronald Reagan activaron las alarmas del organismo sobre su manera de actuar.
Actualmente, el Servicio Secreto cuenta con aproximadamente 3.200 agentes especiales, 1.300 agentes de la División de Uniformados, y más de 2.000 de índole técnico apoyo profesional y administrativo.
Tras entregar sus servicios a Barack Obama en 2007 (cuando aún era senador), y de su contendora en ese período, Hillary Clinton, hace algunos días, el reforzado ente confirmó que se encuentra protegiendo al aspirante a candidato presidencial por el Partido Republicano, Herman Cain.
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