Conocido por ofrecer rentabilidades de entre 10% y 12% a sus clientes, este financista de origen judío estafó a algunas de las familias más adineradas de Estados Unidos. Se valió de su innegable carisma para embaucar además a grandes de la banca internacional, y sus tentáculos se extendieron desde Hollywood hasta Zurich y Abu Dhabi.

El nombre de Bernard Madoff cobró especial protagonismo en esta crisis internacional, al convertirse en el artífice de uno de los fraudes más impresionantes del que se tenga registro en la historia de Wall Street.
De origen judío, este broker fundó en 1960 su pequeña agencia de bolsa. El plan era operar con valores menos conocidos en los márgenes del mercado accionario tradicional. Tenía sólo 22 años. Para 1989, su firma manejaba más del 5% del volumen de operaciones en Nueva York, y la revista Financial World lo incluyó entre las personas mejor pagas de la plaza. En 1990, fue nombrado presidente no ejecutivo del Nasdaq. Su ascenso se basó en su convicción de que las acciones podían ser vendidas y compradas por personas que no se veían sino que estaban conectadas por la electrónica.
Con 70 años, Madoff manejaba los hilos a diestra y siniestra entre la clase pudiente de nueva York y Florida. Su reputación profesional y encanto personal sustentaron una verdadera cortina de humo que permitió gestar una estafa calculada en más de US$50.000 millones, a través de un método conocido como “esquema de Ponzi” (ver recuadro). En rigor, la garantía de la rentabilidad descansaba en la estructuración de una pirámide simple en la que los ingresos procedentes de nuevos inversores atendían las posibles retiradas de fondos de los precedentes.
La fachada sería la compañía Madoff Investment Securities; sociedad que servía para captar los capitales, sobre todo, de personas adineradas. Oficialmente, Madoff invertía ese dinero en acciones de grandes firmas y opciones de compra de esos títulos. Su gestión, además, exhibía inmejorables rentabilidades -de entre 10 y 12%-, que nunca se veían afectadas por los vaivenes de los mercados, algo muy inusual. En efecto, en 14 años, la empresa sólo registró cinco meses con pérdidas.
La opción fue operar a través de hedge funds; fondos de inversión libre que se caracterizan por una laxa regulación, capacidad para aplicar estrategias arriesgadas y la búsqueda de altas rentabilidades en cualquier situación de mercado.
Carismático y de Bajo Perfil

De esta forma, Madoff extendió sus tentáculos por todo el planeta. Al momento de su arresto, contaba con US$ 17.100 millones bajo gestión y tenía entre 11 y 25 clientes, la mitad de los cuales son hedge funds.
Su paso como titular del Nasdaq le daba una credibilidad cada vez más impresionante. Solía reclutar a sus clientes en clubes exclusivos, como el Palm Beach de Florida, logrando la atención de personas ricas, entre ellas Fred Wilpon, dueño mayoritario del equipo de béisbol New York Mets, y Norman Braman, ex propietario del equipo de fútbol americano Philadephia Eagles. Pero su red llegó mucho más allá, incluyendo en su nómina a grandes de la banca internacional.
Sus víctimas se han extendido desde Hollywood hasta Zurich y Abu Dhabi; engañando a entidades financieras que disponían de sistemas sofisticados de control de sus inversiones. Sólo como ejemplo, Fairfield Greenwich Group ha confesado que había colocado US$7.500 millones en los fondos de Madoff. El fraude dejó en la quiebra a múltiples instituciones de caridad y empujó al suicidio a dos inversionistas. Los afectados pasan también por los jubilados de Florida, directores de cine y actores como Kevin Bacon y Kyra Sedgwick, así como el premio Nobel de la Paz, Elie Wiesel.
Lo cierto es que las autoridades de supervisión norteamericanas no detectaron anomalías a pesar de que fue investigado en 1992; hubo denuncias de sus rivales en 1999 y reportajes periodísticos críticos con su gestión en 2000. La Comisión de Valores y Cambio de Estados Unidos (SEC, por su sigla en inglés) ha esgrimido que Madoff fue muy inteligente al rechazar facilitar a sus clientes acceso a sus cuentas por internet; en cambio, enviaba los informes por correo ordinario, mientras que la mayoría de los 'hedge funds' lo hacen por e-mail.
 CULPABLE. “Estoy acabado, no tengo absolutamente nada, todo esto sólo es un gran mentira (…) No soy capaz de expresar cuánto siento lo que he hecho ", expresó Madoff ante el juez hace pocas semanas.
Aunque procuraba mostrar un bajo perfil, su vida no ha estado exenta de lujos. Vivía en un departamento en el Upper East Side de Manhattan, con su esposa Ruth; a algunas cuadras de las oficinas de su firma. Frecuentemente hacía paseos a bordo de su yate llamado Bull, de 55,5 pies. Tuvo dos aviones privados con la firma BLM Air Charter, una compañía registrada en la misma dirección que su fondo.
Entre sus propiedades se cuenta además una casa de US$9,4 millones en Palm Beach, a nombre de su señora, y poseía otro inmueble de US$3 milloness en Montauk, Nueva York. Asimismo, el dinero le permitió financiar una mansión frente a la playa en los Hamptons, una casa con vista a Cap d'Antibes en la Riviera francesa y una oficina en la calle Mayfair de Londres.
La Caída de su Imperio
El financista vio desmoronarse su castillo de naipes cuando estalló la crisis financiera, en septiembre pasado. La debacle provocó que entraran cada vez menos clientes y tenía que hacer frente a los pagos de los inversores que querían recuperar su capital, un dinero que ya se había evaporado en el pago a otros que se fueron antes. "Creía que eso pararía rápidamente y que conseguiría desembarazarme de ello (…) pero eso se ha hecho difícil y finalmente imposible", declararía ante el juez Denny Chen, pocas semanas atrás, al ser formalizado, entre otros cargos, por fraude con acciones, en asesoría de inversión y en transferencia bancarias, fraude postal, declaraciones falsas y perjurio a la SEC, y por haber robado fondos de inversión de trabajadores, al tiempo que se le atribuyen tres delitos de lavado de dinero.
 FACHADA. Su reputación profesional y encanto personal, sustentaron una verdadera cortina de humo que permitió gestar una estafa calculada en más de US$50.000 millones
“Estoy acabado, no tengo absolutamente nada, todo esto sólo es un gran mentira (…) No soy capaz de expresar cuánto siento lo que he hecho; estoy profundamente arrepentido", expresó al magistrado.
Según cuentan sus empleados, su intención antes de que se destapara el escándalo, era el de distribuir cerca de US$300 millones entre algunos de sus funcionarios, amigos y clientes.
Los encargados de destapar el fraude han sido dos antiguos funcionarios de la compañía, quienes alertaron a las autoridades norteamericanas de que Madoff desarrollaba su negocio de asesoramiento desde un piso diferente al de las oficinas de la empresa. Además, uno de ellos explicó que mantenía los registros de esa actividad bajo llave y se mostraba misterioso respecto a las mismas.
Fue a comienzos de diciembre cuando les dijo a sus dos hijos, activos en la compañía, que tenía dificultades para reunir US$7.000 millones para cubrir los retiros de inversiones. El 10 de diciembre, les reveló que su empresa era "una gran mentira" y "básicamente, un gigantesco esquema de Ponzi". No quedaba nada, advirtió, y era seguro que iba a terminar preso.
Así fue. El 12 de marzo último, tras gozar de libertad bajo fianza durante tres meses, fue enviado a prisión hasta que se dicte su sentencia prevista para el próximo 16 de junio.
Bernard Madoff se ha transformado en el nombre del escándalo por estos días y no sólo por articular el mayor fraude financiero en la historia; tras él subsisten serias interrogantes respecto al sistema regulatorio de Estados Unidos y cómo quien fuera considerado un genio de la bolsa neoyorquina logró vulnerar por décadas las fiscalizaciones.
 |
Origen del Esquema Ponzi
Aunque sistemas similares a éste ya existieron anteriormente, el nombre de este plan procede de Carlo Ponzi; un emigrante italiano que estafó a miles de residentes en Nueva Inglaterra, en Estados Unidos, en los años veinte del siglo pasado, mediante la inversión en cupones postales que garantizaba un rendimiento cierto y elevado, muy superior al que aportaban la mayoría de las inversiones de entonces, y desde luego mucho mayor que la de las cuentas de ahorro.
Conforme recolectaba abrumadoras sumas de dinero y la gente hacía filas para meter su capital, Ponzi pagaba rendimientos de hasta el 100% en 3 meses con los recursos de los sucesivos nuevos inversores. Tal sistema fue recogido y llevado a un plano internacional por Madoff. |
|
|