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CREADOR DE LAVACAN
Patricio Fellay: El Estilista del Mundo Animal

La imagen de un perro desastrado, cochino y peludo fue lo que motivó al gestor de este negocio, Patricio Fellay, a dar vida al primer “spa dog” en Chile.

    
 INICIOS. La primera “sucursal” de Lavacan fue la casa de Fellay, donde la cocina funcionaba como bodega de los alimentos y su nana hacia las veces de secretaria.

La historia de Lavacan tiene una protagonista: la Tita. Personaje que a pesar de tener linaje -era una pastor inglés-, era “horrorosamente hedionda, fea y peluda”, recuerda el gestor de esta clínica veterinaria, Patricio Fellay.
Es más, tan descuidado era el aspecto de este animal, mascota de los vecinos del empresario, que cuando su novia vino a visitarlo a Chile y la vio a través de la reja del patio le dijo sin pensarlo dos veces, “This dog needs spa”.
Fue en este minuto cuando un recuerdo vino a la cabeza de Fellay. Hace un tiempo él había llegado desde Australia, país al que se fue a trabajar a los 26 años, donde tuvo la oportunidad de ver circulando unos móviles con letreros que decían Washing Dogs, Spa Dog o Dog Móvil.
Fue así como empezó a hacer los contactos para traer desde el país de los koalas las maquinas con las que se lavan los perros, primero en barco y luego en avión, con el objetivo de que su hermano, ocho años menor, trabajara en eso. “Las traje para tener un plus, un ‘chipeo’ y terminó siendo mi negocio y siendo mi vida”, recuerda.
Al comienzo, desarrollaba el negocio desde la casa de su mamá. La cocina era su bodega, donde guardaba los alimentos, “mi nana estaba desesperada. Ella misma contestaba el teléfono, anotaba los números a duras penas y me llamaba a esos celulares que parecían arma blanca”, recuerda anecdóticamente.
Así fueron los primeros pasos de Lavacan empresa que en la actualidad ofrece un servicio integral para las mascotas, el que incluye un hotel canino, venta de alimentos, accesorios, baños sanitarios, hospital y servicio de trasporte para trasladarlos desde y hacia las casas de aquellos clientes que requieran un servicio completo.

Nace un Segundo Negocio

    
 ATRACTIVO. Patricio Feilla reconoce que lo que lo “enamoró” de este negocio es que todos los días son diferente, algo esencial para alguien inquieto como este empresario.

Dado que uno de los servicios ofrecidos por Lavacan eran los baños sanitarios para desparasitar a los perros, Feilla se percató de una nueva necesidad que comenzó a surgir entre sus clientes: la fumigación.
Y es que como estos veían como sus mascotas contagiaban de pulgas y garrapatas los jardines e interiores de sus casa, poco a poco fueron pidiéndole al empresario que, además de asear a sus mascotas, fumigara esos lugares. Primero fueron las casas de los perros, luego los jardines y luego los hogares.
En este momento, Fellay recurrió a los conocimientos brindados por sus estudios de ingeniería agrícola en el Inacap, gracias a lo que captaba el tema relacionado a los venenos, pudiendo así agregar este servicio a su negocio para lo que compró unas maquinas especiales.
Pero el tema no quedó allí, ya que decidió especializarse. Por eso el año 2000 postuló a una resolución del Servicio de Salud Metropolitana, el que le otorgó un registro con el que hoy presta servicio de fumigación en restaurantes, fábricas de alimentos, laboratorios, hospitales y clínicas odontológicas, bajo el nombre de Fumigax, su segundo gran negocio.
“Lo bueno es que la cartera de clientes de Lavacan es de Fumigax, ya que necesita fumigar por lo menos dos veces al año”, explica, dando a entender que es allí donde radica el éxito que este ha tenido.

Un Mundo Frutal

Patricio Fellay es ingeniero agrícola del Inacap. Una vez egresado, trabajó alrededor de siete años en una empresa dedicada a la exportación de frutas con operaciones en San Fernando, lo que le permitió conocer varias ciudades de Chile.
Si bien recuerda que “era una pega entretenida”, no logró enamorarlo, “veía que por ahí no iba, porque el campo tiene peak y es muy estacional y en el invierno no hay nada que hacer”.
Fue por esto, y por una inquietud innata que queda al descubierto al ver su oficina tapizada de fotografías suyas en los parajes más exóticos del mundo, que decidió emigrar de Chile en 1993 cuanto tenía 26 años.
Fue así como se acerco a Austrade, una especie de ProChile australiano, para ofrecerse para ir a trabajar gratis a ese país. La institución envió este aviso, el que fue publicado en una revista agro de ese país.
La respuesta fue muy positiva. Tres empresas lo invitaron a trabajar con ellas. Fellay optó por una compañía dedicada a la fabricación de maquinaria con gran presencia en Australia, la que le ofreció trabajo por un mínimo de seis meses y máximo de un año.
Si bien la empresa no le pagaba, le pasaba un pequeño monto para pagar el trasporte y el alojamiento. “Esta experiencia me sirvió para aprender a soldar, cortar y armar para hacer máquinas 100% de metal”.Gestión

 

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